No es un secreto para nadie que vivimos en un mundo lleno de tribulaciones, exigencias sociales y malos hábitos. Si hacemos el ejercicio de pensar en las poblaciones rurales donde se vive un estilo de vida calmado y una alimentación sujeta a la propia siembra, encontramos muchos menos problemas de salud y gran longevidad en la población.

El estilo de vida moderno nos enferma

Vivimos una vida acelerada, cargada de estrés, deseando ser mejores que los demás para tener mejores beneficios económicos y estatus, un “falso poder” pues aunque nos permita lograr adquirir y ostentar más y más cosas, “relaciones” y experiencias relacionadas, terminan dejándonos en el vacío emocional y gravemente enfermos.

Esta realidad aqueja tanto a quien logra ese éxito efímero, como a quien se pasa la vida buscando alcanzarlo.

Una sociedad desnutrida dentro de su obesidad

En nuestra vida diaria, aprendimos a aplicar la lógica de la pirámide de alimentos que se introdujo a principios de 1970. Así, comemos más granos, cambiamos nuestra ingesta de grasa de origen animal por el uso de aceites vegetales poliinsaturados y otros cambios que como consecuencia hacen que seamos más obesos, tengamos más diabetes, más síndromes metabólicos, hipertensión, ataques cardiacos y demás padecimientos, para llegar finalmente al cáncer, padeciendo o no de las demás patologías.

No sólo se trata de la desnutrición que viven nuestras células, al proporcionárseles menos nutrientes contenidos en los alimentos desestimados en esa pirámide alimenticia, sino en la necesidad de eliminar la toxicidad de los pesticidas y el consumo innecesario, y por demás adictivo, del azúcar como principal alimento para las células del cáncer.

Estrés y abandono de nuestra interioridad

Asimismo, en nuestra sociedad premiamos a quienes cultivan su imagen y apariencia, sin importar que sea bajo el consumo de refrescos “light” y compulsivas operaciones estéticas.

Cultivamos la búsqueda de satisfacción con elementos externos a nosotros que sólo aumentan nuestro estrés, y nos olvidamos de profundizar en nuestras emociones, aprender de nuestras experiencias y conectarnos con la paz interior, pues no hay tiempo para ello, además de restarle toda importancia.

Todos estos aspectos terminan por construir una sociedad que enferma y se enferma, social, física, espiritual y emocionalmente.

About the Author Dra. Carmen Delia Ortiz

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